domingo, 20 de mayo de 2012

Tercerapersonizar

El día está completamente apagado, sentada en el sillón, escucha a los vecinos quejarse del cielo gris, no hacen más que criticarlo, el día definitivamente les provoca tristeza.
Su melancolía de hoy ya no es triste, ya no llora, no trata de cerrar heridas que parecen imposibles de cerrar. En el sillón de siempre lo piensa, lo extraña al punto de sentir su falta, de sentir una especie de dolor. Sentir la ausencia de los abrazos y de los besos, de pasar los dedos por su pelo color café.
La espera a su llegada, las ansias, siente que los minutos caen de un cuentagotas, el tiempo pasa demasiado lento para su gusto, por lo menos cuando su vacío se da. Contrariamente a lo que pasa en presencia del chico marrón.
La soledad es interrumpida por el portero estrepitoso, levanta el interfono, del otro lado su voz, siente esas ganas de correr por el pasillo pero contiene su impulso mientras piensa en abrazar a su interlocutor como pocas veces abrazó, en ese momento lo demás se detiene, o baja tempo, todo se calma.
Abre la gran puerta blanca, se miran y se dicen todo.

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